
Ayer se celebró el 20 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño. Como tal hito tuvo sus eventos por toda la geografía universal.
Como personas individuales, además de unirnos a estos actos en la medida de nuestras posibilidades, se abre ante nosotros un amplio abanico de formas de colaboración.
http://www.unicef.es/derechos/ Si entramos aquí refrescaremos la lectura de la Convención, nos informaremos sobre en qué medida han avanzado los caminos de nuestros niños desde hace veinte años y sobre todo lo que resta aún por recorrer.
http://www.todoscontamos.es/ Aquí apoyaremos la nueva campaña creada por Save The Children que nos pide que contemos cuáles eran nuestros sueños a los cinco años. Y nos recuerda que cerca de nueve millones de niños y niñas cada año no llegan a esa edad, víctimas de sida, malaria, tuberculosis, maltrato, intervención en conflictos armados y otras tantas causas que no sería difícil erradicar con la colaboración de todos y cada uno de nosotros exigiendo a nuestros gobiernos la justa protección a la que los niños, por el hecho de serlo, tienen derecho.
Más de 178 millones de niños y niñas sufren malnutrición crónica, causa de un tercio de todas las muertes infantiles en el mundo.
Fuente: http://www.savethechildren.es/
Como reza dicha página, es éste un aniversario para felicitarnos a todos por el camino avanzado. Así como un momento para la reflexión y la puesta en marcha de todo lo que nos queda por hacer.
La actual Convención tiene su origen en la redacción por Eglatyne Jebb, fundadora de Save the Children, de la primera Declaración de los Derechos del Niño adoptada por la Liga de Naciones, precursora de la ONU. Estamos hablando del año 1923. Eglantyne no imaginaba que en las puertas de 2010 el mundo no habría alcanzado el suficiente desarrollo de cuerpo, alma, espíritu e inteligencia como para respetar íntegramente la naturaleza de un niño, rica y única por sí misma.
Mientras en España más del trece por ciento de los niños/as viven en familias por debajo del umbral de la pobreza y nuestro país es uno de los principales destinos de las redes de trata de niños y niñas, nuestro pensamiento y acción diaria continúa onnubilada por enseñar a las generaciones futuras cómo se practica el consumismo más atroz y de qué manera pisoteamos los valores básicos e imprescindibles en una escala que está para marcar la pauta de un vivir digno y honesto.
En general, no prestamos atención a lo que consideramos "hazañas": nos queda muy lejos la hambruna, la violación de menores, el usar y tirar de sus corazoncitos. Como no se suelen quejar porque nadie les ha enseñado a hacerlo, se nos antoja mucho más real y merecedor de protesta el daño que se hace a un adulto. Lo que sufre un niño nos parece tremendamente lejano, aunque esté a la vuelta de la esquina.
Y la excusa es escudarnos en "Semejante barbarie no se va a solucionar por mi pequeña acción" Ése es el error. Una casa se construye ladrillo a ladrillo. Una carta se escribe letra a letra. Y el amor por los niños se demuestra denunciando el desamor que padecen. Se alienta deshaciendo la inmovilización de los corazones, las justificaciones y la pereza por hacer algo que parece insignificante por los más desprotegidos; por los que necesitan nuestros ojos, voz, manos, pies, fuerza para defender sus derechos. Se anula dejando de recrearnos en el sobado tema de la crisis: no tengo dinero para ayudar. No tengo dinero pero sí la energía de la que ellos carecen.
Cada cual sabe bien cómo puede ayudar. Si todos ofreciéramos idéntica colaboración, de poco serviría porque hay muchos y variados frentes abiertos, tantos como canales de acción.
El amor por nuestros hijos, los que hemos dado a luz desde nuestra entrañas biológicas o adoptivas, debe llevarnos a proyectarlo más allá, prolongarlo hasta todos los niños que no viven como los nuestros.
Y, más, como padres, como seres humanos, debemos inyectar en vena a nuestros hijos, el testimonio de una actitud, el legado que reciben: seguir en la DEFENSA DE LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS hasta que no exista un resto en el universo de indefensión para ellos.





