domingo 7 de febrero de 2010

PARA ENGAÑAR AL BESO



Acaso tu beso traicionó a mi labio
más que amante, amoroso de todo,
tierno, cálido, abierto al sol, a la lluvia,
al peso de tantos ayeres encontrados
con el desencuentro, destronando
otros besos. Otra era de amor equivocada.
Acaso, ayer, cuando me amaste tanto
como publicabas a los cuatro pilares de este mundo,
la virtud que esperabas, que a tu medida hiciste
sobre mi recuerdo, cayó como un castillo de naipes
sobre la viga de tu ojo verdugo. Ciénaga
en el alma. Sabor amargo que baja
por las vísceras, ésas que me robaste.
Sí, acaso te perdiste en el cuento de tu vida.
Triste, limitado, oculto.
Me atrevo con todo. Pobre ingenuo,
la osadía de romper al amor es ser un necio.
Ni valor ni combate son necesarios
para jugar con fotos de colores añejos y sagrados.
Para engañar al beso que mi lengua
dibujó con la tuya queriendo hilar poemas
en el agua. No. Deja al verbo amar seguir su curso.
No manches con tus máscaras
lo que sigue haciendo existir al mundo.

lunes 1 de febrero de 2010

OTRA CERTEZA


Una ancestral intuición nos dice que lo que hemos hecho a alguien nos será devuelto. Y que algún día podríamos estar en la misma posición de aquel a quien hemos dañado. Cuando se comete una acción dañina se produce una marca profunda. La agresión a los demás nos viola en lo más hondo de nuestro ser.

-Ana Sabuki-

viernes 29 de enero de 2010

NO SOMOS NADIE

M. C. Escher es el rey de las visiones ópticas. Me lo descubrió hace años uno que se supone que se quería casar conmigo porque yo era el amor de su vida y tal y tal. Esta obra su autor la titula "Cielo e infierno". Miradla bien, están juntos los ángeles y los demonios.

Y digo yo que la vida no es muy diferente: es una visión óptica, la visión óptica por excelencia.

Sí, es verdad, ya he vuelto, he tardado poco en volver a escribir por aquí. Es que ocurre que cuando te dan una noticia como la que yo recibí ayer, hay que volver. Hay que volver a pensar que no somos nadie. Así que aquí estoy de nuevo porque no soy nadie. Por lo tanto, quien quiera leerme que lo haga. Quien no, que no lo haga, que se anule su suscripción o que borre directamente los correos que le lleguen con estas palabras de "nadie".

Pues, en realidad, ¿quién está escribiendo ésto? Parece que tengo un nombre y unos apellidos. Parece que tengo un cuerpo y un rostro con el que me muestro al mundo. Parece que tengo unos valores. Parece que soy alguien. Sin embargo, sólo lo parece, es una visión. Siempre soy nadie. Pero unos días me doy más cuenta que otros de esa mi única realidad. Hoy ni siquiera sé escribir. No sé comprender. No sé qué narices estamos haciendo aquí, en la espiral del sufrimiento. Sufrir es hacerse fuerte. Ya, y ¿hasta cuándo hay que seguir sufriendo para crecer y crecer en fortaleza? Un día, ¡zás!, dejas de existir. O, algo peor, empiezas a consumirte lentamente, como si el moho se hubiera instalado entre tus fibras. O, todavía más traumático: tienes que ver cómo las personas a las que quieres entran en un sufrimiento sin retorno, sin restauración, sin fortalecimiento que valga porque todo acabará en nada.

Siempre he tenido fe, Fe con mayúsculas. Si no la hubiera tenido, ni sé dónde andaría ahora, perdida por ahí, vagando por esos mundos, autodestruyéndome o destruída de un golpe. Esa fe, no obstante, hace no mucho ha empezado a ser otra incógnita para mí: ¿Fe para qué?.

Confieso que ya no sé para qué quiero la fe. No sé qué hago aquí, qué hacemos aquí ninguno de nosotros.

Hace tiempo que dejé de preguntarme cosas. Al no encontrar respuesta sólo conseguía volverme más loca de lo que estoy. Me costó aprenderlo pero casi lo conseguí del todo. Pero cuando ocurren estas cosas que, antes o después, ocurren, me paro otra vez a preguntarme y es un horror. Es terrorífico darme cuenta de que después de cuarenta y siete años sufriendo como la que más y aprendiendo del mismo modo, no entiendo nada, no sé nada, no soy capaz de encontrar una sola respuesta coherente.

Lo único que tengo claro es la frase con la que titulo este post: NO SOMOS NADIE.

miércoles 6 de enero de 2010

REYES MAGOS: AQUÍ Y AHORA




¿Quién dice que los Reyes Magos no existen? ¿A qué ser humano con alma se le ocurre cuestionar que los Reyes Magos vayan a venir o no? Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente acuden a su cita cada año, puntuales.

Ni sonrisas ni lágrimas, ni crisis, ni vendavales, ni tristezas persistentes pueden doblegar a estos tres seres que llevan a los hogares la ilusión más grande que pueda haber sobre la tierra. Modestos o suntuosos, año tras año se suben a sus camellos y, desde el lejano Oriente, emprenden su largo y paciente viaje hasta llegar a su destino: la casa de un niño.

En este blog se protege, ensalza y ama a los niños como nada ni a nadie en el mundo. Porque ellos son los reyes más reyes del universo: los reyes de nuestros corazones. Su ternura, su inocencia, su alegría incondicional y ese vivir aquí y ahora, los convierte en el ser más atractivo que existe sobre la tierra.

Esta noche, pese a crisis y cornadas, los colores del arco iris han entrado en las casas de la mano de los Reyes, esos que, generación tras generación nunca jamás se han permitido el lujo de truncar la ilusión de un niño. Porque, si la vida es ilusión, ¿qué ilusión se ha creado más pura que la de un niño?

Aprendiendo de sus niños, sus Majestades no hacen más que vivir aquí y ahora, envolver un momento mágico en tules de colores para que, como un legado sagrado, trascienda fronteras, razas y desamores.

Los Reyes esta noche me han traído un gran regalo: confirmarme que nunca perderé la ilusión, así que cumpla 80 años o se derrumbe la casa sobre mi cabeza.

Y también me han dejado algo de luz. El aquí y ahora de los Reyes es como todos los aquí y ahora, por ejemplo, el de escribir. Jamás me siento tan aquí y ahora como cuando, frente a una página en blanco, permito a lo que soy que se manifieste. Es un regalo muy grande éste que recibí, creo yo, en el momento mismo de nacer.

Dado que este Amor Veraz, por error o acierto, lo reciben puntualmente algunos de mis más seres queridos, que se preocupan por mí, me ayudan como nadie y, por más que les pido que se "desinscriban", declinan la invitación, siento que ha llegado el momento de que este amoroso lugar se tome un descanso indefinido.

¿Por qué? Es sencillo: porque, en ocasiones, es mejor no sembrar involuntariamente juicios erróneos sobre tu don. Yo sólo tengo uno: escribir. Los que bien me quieren lo valoran. Sin embargo, como dijo aquel monje: "los otros no son yo", es decir, que nadie puede sentir, sufrir o amar lo que sólo a mí me ha sido otorgado para dar. Precisamente, para dar, para compartirme con el universo.

A ellos, los que más me quieren, les cuesta comprender que, dada la precaria situación en la que estoy enfangada, dedique algunos de mis tempos diarios a escribir, pues tengo tanto que hacer, tantísimo de qué ocuparme...

Es muy cierto. Como también lo es que si dejo de escribir, dejo de tomar uno de los alimentos que necesito para aupar energías y seguir adelante.

Quien no escribe no es posible que pueda entender lo que digo. Por mucho que quiera, por cuanto se empeñe.

Es por ello que, una vez debidamente recogido el Premio Amizade que me ha otorgado mi amiga Pernelle (esta tarde me dedicaré a ello con ahínco porque todo en este mundo bloguero lleva su tiempo), este blog quedará en suspenso hasta nueva llamada del corazón.

A todos los que me seguís, gracias por hacerlo. Espero encontraros ahí a la vuelta.

Felices Reyes para todo 2010.

sábado 2 de enero de 2010

LUNA, LUNITA AZUL, QUE ME CUENTAS LA VERDAD...


Dice mi amiga Ana Sabuki:
Por todas esas luchas, frustraciones, naufragios, intensidades y alegrías, podemos expresar nuestra gratitud hacia los vínculos más duraderos y los más volátiles, hacia los más sólidos y los más fluídos, hacia los que se cruzaron como estrellas fugaces en algún punto del camino y hacia los que permanecen a nuestro lado en un trayecto cósmico cuyo destino se abre hacia el infinito.
Todos nos entrenaron en el uso de ese músculo vibrante y elástico que nos mantiene vivas; todos nos enseñaron a creer en la realidad de las corazonadas.
Ella tiene toda la razón. Así pensé siempre.
Sin embargo, con 47 años, con 2010, con la luna azul, con el ERE, con el cruel engaño de Juan, con mi espalda cargándose con todo lo que nunca llegó de verdad a ponerse encima, esta mujer, este ser humano que nació y vivió creyendo en los demás por encima de todos los colores, que cumplió años creyendo a pies juntillas en los cuentos de hadas, en que "to er mundo é güeno", en que la vida no te da tantas bofetadas como abrazos, en que la fe mueve montañas, en que la verdad siempre sale a la luz, en que todo antes o después se arregla, se compensa, en que aunque no lo entiendas todo te pasa por algo mejor que vendrá, etc, etc, etc, esta mujer, digo, acaba de morir a todo eso y nacer a la realidad. A la dura vida tal y como es, tal y como se te presenta delante de los ojos y dentro de tus manos.
Papá, hace casi un año moriste. Parece mentira, hace casi un año!!
Y lo que yo no sabía es que con tu muerte empezaba también la mía. Con tu desaparición, mi vida empezó a recibir golpes por todas partes, embestidas incomprensibles, sacudidas desproporcionadas. Desproporcionadas para lo que yo conozco como embestidas: nada puede conmigo, nada me tumba, nada me espanta, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza...
No digo que no sea así. Debe ser así. Será así. Pero yo ya no sé nada de nada. Desconozco todo. Ignoro si aprendí algo en estos casi 48 años que me han enseñado lo más duro: QUE LAS CORAZONADAS NO SIRVEN DE MUCHO.
Me ha costado escribir ésto. Y no lo encierro en una carpeta electrónica porque si no no sería valiente, no lo reconocería abiertamente. No estaría rasgando el velo de mis ojos de una forma tan sangrienta. La intuición, el corazón, la primera impresión, todo eso en lo que yo creía, hoy no son más que sueños perdiéndose en la profundidad cósmica de una luna azul que me trae la incertidumbre de un año 10 (¿10?). Y el desengaño de todos los anteriores. No por renegar de haberlos vivido como los viví. No. Sino por no saber que la vida golpea y golpea, no en vano, sino para que realmente se produzca el DESPERTAR.
Aunque este despertar sea tardío, lúgubre, sinsentido y extraño.
Aunque este despertar mío me deje sólo una cosa de las que tenía antaño (antaño es ayer mismo): ESCRIBIR cómo, cuándo y lo que quiera. Verter mil lágrimas sobre mil palabras. Hacer de la vida un sueño o hacer un sueño de la vida. Crear imaginación. Dibujar dolor, desamor, amor, risa. Pintar donde me apetezca con los colores que me apetezca.
Eso, sentirme viva o muerta dentro de las letras que SÍ me salen del corazón (este corazón torpe y equivocado) jamás me lo quitará, ni siquiera mi ingenuidad. Esta inocencia mal aprendida que me ha robado la inocencia misma.
Esta vida o esta existencia o inexistencia, o lo que sea que estemos haciendo aquí, nunca, desde muy pequeñita, dejó de golpearme. Sus vapuleos han sido más que sonoros. Debe ser, no obstante, que yo no quería sentirlos, no quería contemplarlos, no quería hacerlos míos.
Y por mucho que dolieran, no sé en qué momento decidí que a mí, precisamente a mí, nunca me doblegarían, nunca me dolerían lo suficiente como para asumirlos como propios.
Pero (esto sí parece cierto) antes o después, se produce la conexión entre las neuronas de tu cerebro. Se materializa la conjura de los necios para rasgarte las vestiduras y la conciencia, sin que tu propia mano haya sido el verdugo.
Un "de repente", como todo en este mundo. Al final, todo es un DE REPENTE. Por mucho que camines despacio o deprisa, no hay un despertar progresivo. Igual que el resto de las vivencias, EL DESPERTAR ES UN GOLPE.
El más despiadado de todos.

jueves 31 de diciembre de 2009

PRENDIDA A LAS ESQUINAS DE LA NADA




Desconozco por qué tantos porqués se cruzan
dentro de las hogueras de la rabia.
Gritar y gritar quiero desde una ventana
más arriba del cielo que es mi techo.
Y me embriago contigo, la miel de ayer,
la canela de esta noche, el limón de mañana.
Digo tanto que sólo existe hoy.
Y siento más que todos los pretéritos
me nacen en el centro de la tierra.
Que todos me conocen.
Y que todos me aman.
Un paso más sobre las nubes.
Y puedo recordarme en el futuro.
Rozando el cuerpo a cuerpo
en el túnel del tiempo.
Llevándome su viento, lastimado,
en la ausencia de todos mis placeres.
Y vienen a por mí.
Y me desnudan.
Y el latigo, seguro y afilado, me hiere.
Y por sentir, elijo sangre y llagas,
durezas y embestidas.
Tuyas o de la vida.
¿Acaso hay diferencia?
Sin rendirme a lo obvio,
barrunto que esta noche moriré entre tus brazos.
Dejaré que seduzcas mi mordida.
Abarcaré, después del canto,
los desdenes con que me acuna
el tiempo. El que no existe.
Ése que es falso. Opaco.
Manco. Yermo.
Y, sin embargo, entra en mí,
indaga el hueco oscuro que me imprime
la huella de la carne que soy
y a la carne quemada volverá.
Y que mi espíritu, el indemne,
el divino, el manso,
ignoro aún dónde mora o habita
o late o se recuerda.

EL SEXO INVOLUCRA AL ALMA






Y sigue diciendo Sabuki:

Cuando se pierde el significado energético del intercambio sexual, cuando se olvida la naturalidad de la respuesta ante una situación que involucra al alma de dos personas, el celibato se convierte en una postura artificial, en una forma rígida de control.






Pero cuando el autodominio y la templanza dle corazón se adoptan como vía regia para estar abierto a ese amor que se derrama sobre todos los seres sin distinción, entonces el celibato puede ser una apasionada manera de sentirse en contacto con todo el universo.